Cualquiera que sepa manejar una cámara fotográfica no puede ser un fotografo de bodas. Pues para ello hay que estar bien preparado en aras de lograr captar en las imágenes toda la energía posible que transmitan los novios, de lo contrario será esta una fotografía sin calidez.

También es importante tener en cuenta para las personas que se dedican al mundo de la fotografía, que las imágenes no pueden ser solo la suma de los elementos que la constituyen, sino que es necesario recrear el entorno, resaltar las motivaciones, expresar los sentimientos, la armonía, y no solo de aquello que estamos fotografiando, sino también nuestra propia subjetividad, nuestras propias emociones.

Es gracias a ello que a veces uno puede decir que una fotografía es triste, o que por el contrario nos transmite alegría.

Una imagen puede resultarnos lúgubre no solo por aquello que refleja sino por el cómo lo hace.

No en vano se afirma que la fotografía es un arte. Aquella pieza que te muestra las cosas tal y como son, pero que no infunden otro sentimiento o inquietud, rara vez pasan a la historia. Sin embargo, las que nos hacen pensar, actuar, las que nos conmueven, las que nos hacen llorar, o sencillamente aquellas en las que sentimos la energía del fotógrafo, esas perduran por siempre.